Cuando la madrugada te atrapa entre café y suspiros, resistirse al insomnio es petulante y hasta alevoso, no hay nada más placentero que dejar que las trampas de tu mente jueguen con tus deseos y te envuelvan, enseñándote una visión del futuro, poco profunda, pero muy complaciente.
Se escapa una sonrisa mientras la madrugada, tranquila y delicada, se hace cada vez más tangible, el reloj, engañoso pero seguro, marca los minutos como si fueran números sin sentido ni trascendencia, desde un balcón que deja ver mis deseos más profundos, pienso en la forma en qué me ves, me provoca escalofríos y un pequeño roce de nuestras manos es suficiente para provocar las más mordaces y lúbricas fantasías.
Tus palabras, tus palabras, son la razón de éste desvelo y del delirio que quema cuando armonizadas con tu voz se resbalan por mi piel y enajenan cada sentido, cada pensamiento, cada segundo que el reloj se queda despierto.
Tus besos y su recuerdo, me consumen lento.
Espero que se le acaben los segundos al tiempo.
Se escapa una sonrisa mientras la madrugada, tranquila y delicada, se hace cada vez más tangible, el reloj, engañoso pero seguro, marca los minutos como si fueran números sin sentido ni trascendencia, desde un balcón que deja ver mis deseos más profundos, pienso en la forma en qué me ves, me provoca escalofríos y un pequeño roce de nuestras manos es suficiente para provocar las más mordaces y lúbricas fantasías.
Tus palabras, tus palabras, son la razón de éste desvelo y del delirio que quema cuando armonizadas con tu voz se resbalan por mi piel y enajenan cada sentido, cada pensamiento, cada segundo que el reloj se queda despierto.
Tus besos y su recuerdo, me consumen lento.
Espero que se le acaben los segundos al tiempo.
Enajenada...
Paola Pascazzi.
