He leído en alguna parte que el dolor es una señal de que tu cuerpo no está bien, pero también significa que pronto lo estará, no sé si esto se aplica al alma o a lo emocional, vamos, a lo que duele por dentro.
Mi relación con el dolor ha sido cercana, con el dolor emocional, ese lo he tenido constantemente, desde que recuerdo. Hay diferentes tipos de dolor, al ser una persona triste, los he aprendido a identificar. Sé la diferencia entre dolor por ego, dolor por muerte, dolor por culpa, dolor por pena, dolor por incertidumbre, dolor por celos, dolor por fe, dolor por ansiedad, dolor por depresión, dolor por esperanza, dolor por decepción, dolor por injusticia, dolor por lástima, dolor por rabia, dolor por soledad, dolor por desesperación y sobre todo, dolor por miedo, de ese tengo más experiencia.
Todo dolor es sofocante, agotador, te deja un hoyo en el pecho, muchos nuditos pequeños en el estómago, como agujitas clavándose en las plantas de manos y pies, escalofríos en la espalda, el corazón duele fisiológicamente y brotan lágrimas a mares, ah, y sed, mucha sed. Al menos eso me dejan mis dolores emocionales, no me gustan y los sufro a diario, unos más fuertes que otros, unos días más que otros pero ahí están, constantes.
Me prometo constantemente que se irán que mientras me mantenga ocupada, haciendo ejercicio, comiendo bien y saliendo a la calle por lo menos algunas veces por semana, se irán. La terapia promete eso también, pero hasta ahora no se han ido, espero poder escribir un día, muchos días y decir que al fin se han ido.
El dolor está conmigo y no he hecho las pases con él, algo me dice que tal vez por eso no se ha ido.
P.