Alguien
espabiló con sus letras una de mis tantas madrugadas en vela, dijo
que buscaba sin esperar encontrar, sus palabras me atraparon en
silencios y mi desacuerdo, se resumió a un par de lágrimas y un
intento por asentir, “Creo que busco con afán de encontrar, con la
esperanza de encontrar.”, fue la única explicación que pude
hilvanar después de sentirme agraviada por su forma de explicar mi
ser. Pero no era su voz poética lo que me hacía sentir tan
ordinaria, era la ingenuidad que envolvía sus palabras, la
ingenuidad que percibía de mí, como una niña pequeña que se
ata a sus caprichos y va por la vida esperando que los demás hagan
lo mismo.
Quise decirle que tal vez parecía que mis búsquedas van a
la nada y yo estoy al tanto de ello, sin embargo no es así, las
búsquedas, las proezas, las batallas y los viajes, empiezan por
pasión e intensidad que es lo que mueve mis pies, nunca sé dónde
han comenzado ni dónde pararán, pero sé que merecen la pena, por
cinco minutos, a veces, pero merecen el esfuerzo, las palabras, los
besos, las caídas y los llantos, cada una de esas tormentosas
aventuras se construyen cerca de mis manos para luego ser libres y
explorar, arder o perecer, no las controlo, a veces las guío,
siempre suceden al tiempo, al aire, la mayoría de las veces al sur,
suceden y yo me consumo con ellas, esperando un aletargado destello,
una mirada, un amanecer que me toque el alma, que me marque el
cuerpo, que se deje suceder y seducir como se lo he permitido al
cielo, al amor, a la sed, a la confianza, al sueño y al viento.
Una vez más, quizá parece que busco sabiendo que no encontraré y si eso resulta cierto, cuando una nueva búsqueda me seduce, no lo sé, no sé ni cómo ni cuándo ni qué voy a encontrar pero creo que eso no ha agotado mi fe, mi curiosidad, mi pasión por buscar.

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