viernes, 29 de enero de 2010

Hablando desde el corazón de un vampiro


Viendo al mundo, a la noche, a la ciudad, a través de los ojos inmortales de un ser monstruosamente mágico, viviendo en sus sueños y queriendo conocerlo, me encuentro escondida entre el umbral de lo que se describiría como un ser mítico y un ser real, queriendo encontrar las respuestas de los vanos sufrimientos de las almas de los seres humanos, me despojo de la niebla que me hace admirar aquel infame ser, ese incansable y fraternal ser que solo observa nuestros temores, oye nuestras ilusiones y siente nuestros pensamientos, apreciando lo inofensivos que resultan y lo poco que conocemos de nosotros mismos, lo pequeños y tontos que nos vemos con nuestras preocupaciones sin fundamentos, con nuestros sueños de grandeza y nuestras falsas y huecas aspiraciones, al darse cuenta él solo suspira y sigue, al percatarme sonrío.
Él lo ve como algo que ya ha visto, que se ha mantenido observando a lo largo de su eternidad y aunque me seduce la idea de verlo como sus dones se lo permiten, tal vez él siente otro tipo de sufrimientos que lo atormentan, creo que es la esencia de cada ser, sentirse insatisfecho o sufrir por diferentes razones, sea una vida como cualquiera o una eterna como la que mi dulce vampiro ostenta.
No quisiera mentirme, pero lo pretendo, viendo mi reflejo en un espejo empolvado, con las facciones que tanto he dudado en aceptar, aunque muy dentro de mi en realidad me terminen por gustar; con la piel muy suave y enrojecida por tanto llorar que logran un aspecto infantil que resalta la vulnerabilidad de mis emociones, si, esas emociones que surgen y se apoderan de mi, enajenando cuanto digo o pienso, ante ellas soy muy débil y las siento tanto que me agotan, aceptando, sólo al final, que no entiendo la verdadera razón del eterno sufrimiento, me veo y ya no pienso, creo que entiendo la esencia, pero sin preguntar en unos días se repite.


Salvajes sueños!
Addio!
Paola Pascazzi.

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