
Las teclas del piano, me hablan, me transmiten cosas, cuando las toco y te pienso, una serie de situaciones inimaginables ocurren en mi mente, percibo más de lo que me gustaría, estas aquí, eres parte de mi éxtasis silencioso, eres ese ente férvido que se envuelve en mis pensamientos.
No necesito hacer música para sentir espasmos de felicidad, desde que apareciste en la fotografía, no hay necesidad alguna de buscar inspiración, ni de obligarme a hacerlo, sale de mi, lo destilo, derramando arte, con el simple hecho de verte, resulta encantador todo lo que provoca tu presencia en mi universo.
Acaricio las teclas de mi pianoforte, no estoy haciendo música, solo lo toco, me conecto a un nivel que me aisla de la realidad, mi cuerpo aunque inherente a mi alma, se llena de nuevas sensaciones que le hacen flotar en una bruma de recuerdos, voces y sobre todo, tú, la persona, tú, el ente, tú, el alma solitaria.
En la soledad del salón, me dispongo a empezar la practica matutina, el instrumento frente a mi, ya en reposo, aunque hasta ahora no ha hecho movimiento alguno, ya en calma, después del delirio de la conexión, cierro los ojos, respiro, apartando el recuerdo de tus palabras, estimulo por última vez las teclas, pero esta vez mi instrumento despierta, alza la voz y sus notas inundan todo cuanto soy y siento, oprimo, presiono, hasta dar forma a la melodía.
Teclas, cuerdas, caja de resonancia, tabla armónica, todo trabajando en un conjunto para hacer sonar a mi pianoforte y derretir corazones con sus notas, los pedales se despiertan, unicordio, tonal, al tocar el de resonancia, sonrío, al fin, creando música, me dejo llevar y sigo, sin parar, derramándome sobre el piano.
No necesito hacer música para sentir espasmos de felicidad, desde que apareciste en la fotografía, no hay necesidad alguna de buscar inspiración, ni de obligarme a hacerlo, sale de mi, lo destilo, derramando arte, con el simple hecho de verte, resulta encantador todo lo que provoca tu presencia en mi universo.
Acaricio las teclas de mi pianoforte, no estoy haciendo música, solo lo toco, me conecto a un nivel que me aisla de la realidad, mi cuerpo aunque inherente a mi alma, se llena de nuevas sensaciones que le hacen flotar en una bruma de recuerdos, voces y sobre todo, tú, la persona, tú, el ente, tú, el alma solitaria.
En la soledad del salón, me dispongo a empezar la practica matutina, el instrumento frente a mi, ya en reposo, aunque hasta ahora no ha hecho movimiento alguno, ya en calma, después del delirio de la conexión, cierro los ojos, respiro, apartando el recuerdo de tus palabras, estimulo por última vez las teclas, pero esta vez mi instrumento despierta, alza la voz y sus notas inundan todo cuanto soy y siento, oprimo, presiono, hasta dar forma a la melodía.
Teclas, cuerdas, caja de resonancia, tabla armónica, todo trabajando en un conjunto para hacer sonar a mi pianoforte y derretir corazones con sus notas, los pedales se despiertan, unicordio, tonal, al tocar el de resonancia, sonrío, al fin, creando música, me dejo llevar y sigo, sin parar, derramándome sobre el piano.
Saludos intensos.
Paola Pascazzi
Ciao!

Gracias por tus visitas y tus palabras, trataré de ponerme al día con las tuyas y con toda tu inspiración! Un abrazo
ResponderEliminar