miércoles, 17 de febrero de 2010

Y después llegó la calma...

¡Que tontería!, dije cuando recordé que por una llamada no contestada, por una experiencia mal vivida o por un poco de confusión se acababa el mundo, no se acabó y sí, nada más pasó, no con uno, ni con el otro ni mucho menos con el último.

Liada con otras cosas mucho más interesantes, la sombra de sus existencias se marchó al fin de mi mente, de mis exaltados momentos vespertinos, fue tan bello y tan rápido que la absurda vergüenza corrió tras las emociones que se iban a prisa y muertas de miedo, pensando, ¡y a eso le llama madurar!, ¡vaya cría!.

Ya no hay necesidad de pensar en lo que habría pasado, sí cuando llegó el momento yo no hubiera llamado o si en otro momento no lo hubiera besado, ya no es necesario deshacerse la cabeza con arrepentimientos y "hubieras", ya vuelvo a la calma, a mi piano, a mi voz, a tus ojos, a mi hermoso sol, a tu torturada luna, a nosotros, sin confundirnos con espejismos tontos, que se las dan de galantes e interesantes y no son más que embusteros con pretensiones de rock star, mentirosos, sin intensidad, prefiero ver tu arte, sentir tus letras y al tiempo que me hace temblar.

Tuya, otra vez.

Paola Pascazzi.

No hay comentarios:

Publicar un comentario